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Notas al pie de ‘Kukín’

Publicado: 2019-02-21


Es difícil escribir “algo más” sobre ‘Kukín’. Aparte de los finos límites en términos de lo decible, las múltiples opiniones parecen haber saturado el tema. Sin embargo, quisiera, en este siguiente artículo, problematizar la postura según la cual el fallecido exfutbolista, de manera tan simple, “eligió voluntariamente” —sin luchar ni nada por el estilo— no llegar a consolidarse en el fútbol extranjero y tener problemas con las adicciones.

Esta postura —en principio— obvia de manera manifiesta la dificultad que implica hacer referencia al sujeto, que, como señala Jonathan Culler, se halla en una tensión permanente: “éste es un agente o actor pero, a su vez, “un sujeto está también sujeto, determinado, es «sujeto de un experimento» o está «sujeto a la autoridad»”. Podríamos detenernos largamente en este punto —que, por cierto, es uno de los debate bastante complejo— sin llegar a una respuesta; ,no obstante, espero que sirva para evidenciar que la cuestión no es tan sencilla como se aparenta.

’Kukín’ creció en un espacio marcado por la precariedad. Abandonado por sus padres y con 11 hermanos, trabajó desde muy pequeño en la calles del Callao para sobrevivir. Sumido en la pobreza más cruda y con prácticamente inexistentes opciones de desarrollo, su notable talento futbolístico representó, al mismo tiempo que una posibilidad, una carga muy pesada. Su vida recuerda a la de ‘Manguera’ Villanueva —a grandes rasgos, no una similitud total—: ambos provenientes de los estratos más bajos de la sociedad peruana, virtuosos y pícaros jugando al fútbol, murieron muy jóvenes.

Villanueva destacó en la década de los 30’, Flores en los 90’. Sin embargo, en sus trayectorias y desenlaces —sin dejar de resaltar sus particularidades— influyeron ciertas problemáticas que atraviesan la historia del Perú contemporáneo: la pobreza, el racismo, el paternalismo, entre otros. Centrándonos en ‘Kukín’, me parece ingenuo sostener que este, tan solo por ser profesional, se introducía en una “burbuja” distante de estas complejas dinámicas sociales y tenía un panorama totalmente favorable para llevar una carrera “triunfadora”, “feliz” y desprovista de conflictos. En esa línea, resulta interesante lo que ilustra el fallecido crítico cultural Mark Fisher:

“[…]Para aquellos a los que desde la cuna se les enseña a pensarse a sí mismos como inferiores, la adquisición de calificaciones o riqueza raramente será suficiente para borrar —sea en sus mentes o en las mentes de los demás—la sensación primordial de inutilidad que los ha marcado desde su más temprana edad. Alguien que se mueve fuera de la esfera social que “se supone” debe ocupar siempre corre peligro de sufrir sentimientos de vértigo, pánico y horror […]”

¿No será que el ascenso meteórico a temprana edad, la fama, el dinero, el descubrimiento de nuevas realidades, en el caso de Carlos Flores, impactó del modo señalado? ¿No cabría la posibilidad de, en estas circunstancias, pensar en una falta de apoyo o soporte —no paternalismo, relación de poder corrosiva—, es decir un vínculo fundado en el reconocimiento pleno y la búsqueda de una orientación positiva?

Asimismo, me gustaría indicar un elemento, en relación con lo anterior, que considero pertinente destacar: el nefasto papel que cumplió la prensa deportiva en su trayectoria. Engrandeciendo sobremanera por un lado, y, por el otro, humillando y estigmatizando. (Siempre fue representado como esencialmente “violento”, “malogrado”, “sin educación”, “débil mental”, etc).

No es novedoso resaltar que, para esta, en términos generales, el fútbol y sus protagonistas importan poco: lo relevante es el escándalo, la polarización, la construcción discursiva de héroes o villanos, de fracasados o triunfadores. Ni su fallecimiento hizo que lo dejaron en paz: véase las notas recientes, en tono frívolo y burlón, de algunos diarios deportivos. Al mismo tiempo, revísese los comentarios en cualquier página de Facebook, de supuestos “amantes del fútbol”, que evidencian un goce obsceno y cruel con la muerte de Flores.

Dicho esto, no planteo sino tratar de comprender en toda su complejidad —no desde la lógica responsable/víctima, bueno/malo— a ‘Kukin’ Flores y lo que representa. Recordemos lo que advierte Fisher: no se puede hablar de “voluntarismos mágicos”, todo individuo está enmarcado en una estructura social que incide en su desarrollo. En cierto sentido, ’Kukín’ nos expone a una realidad innegable : el funcionamiento “normal”, del Perú, donde, según Zavala & Zariquiey, “la vigencia de racismo hace mucho más difícil que el pobre o el marginal deje de serlo”.

A pesar de todo, Flores fue , en el plano futbolístico, por muchas temporadas profesional. Jugó en el extranjero, en la selección. Demostró ser un ’10’ excepcional, un gran creador de fútbol. Emocionó con sus cualidades y talento al mundo del fútbol; Ángel Cappa ya lo había expresado claramente. Logró títulos, es ídolo del equipo del cual fue hincha ¿Fracasado? ¿Desde qué punto de vista? Antes de condenarlo desde el moralismo en plan “si Kukín hubiese querido…” prefiero quedarme con su juego, su picardía, sus goles, su espontaneidad, su carisma, su capacidad de dominar ese “arte del imprevisto” (Panzeri) que, en suma, es el fútbol.


Escrito por

Gianni Paolo

Lima, 1998.


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