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Ignacio Benedetti: "La pelota es el centro energético del juego"

Publicado: 2019-06-16
Ignacio Benedetti (1977, Venezuela) es un periodista y analista deportivo que actualmente escribe para la revista The Tactical Room y Cambio 16. Ha trabajado para distintos medios tanto en su país como en España, entre ellos ESPN y Canal Plus. Conocido por su perspectiva crítica y su amplio conocimiento del juego, ha forjado un camino en el mundo del fútbol. Su producción escrita se encuentra reunida en su página web titulada "Fútbol, con Ignacio Benedetti", la cual, verdaderamente, considero su mejor carta de presentación. En fin, hace unos días pudimos entrevistarlo. Hablamos de la Copa América, su visión del juego y hasta del lugar del legendario Dante Panzeri en el periodismo latinoamericano.  

Tomando en cuenta las transformaciones acontecidas en el fútbol en las últimas décadas, donde cada vez pierden mayor peso los torneos de selecciones frente a los de clubes, ¿Crees que esta Copa América nos expondrá propuestas de juego consolidadas o grandes «innovaciones» en términos tácticos?
No, no lo veo posible. De hecho siento que, a partir de la ausencia de horas de trabajo o, mejor dicho, de sesiones de entrenamiento, de práctica y de corrección, creo que lo que vamos a ver es —cada vez más— selecciones nacionales que van a ser exitosas desde la aparición de alguna respuesta individual. Me explico: la respuesta individual que busque alguna sociedad muy circunstancial. Voy al caso de Argentina: no me refiero a que sea Messi solo, sino de que Messi, en alguna situación de partido identifique al Kun Agüero o a Lo Celso —por dar dos nombres— como interlocutores válidos para una determinada y muy circunstancial respuesta futbolística. Pero, no hay tiempos de trabajo, no hay posibilidades de ensayo para que los colectivos nos enamoren con propuestas que inviten a una evolución.
En esa línea, recuerdo que antes que inicie Rusia 2018, afirmaste que en este tipo de torneos -por su propia dinámica- distintos equipos que venían de procesos caóticos previos, podían competir de forma exitosa e, incluso, llegar a instancias finales.
Pienso que el hecho mismo de que vengan de procesos caóticos los convierte en impredecibles y eso es quizás lo que termina haciendo del fútbol un juego tremendamente más interesante y mucho más rico, porque hay una serie de variables que no podemos controlar y que no necesariamente tienen una conclusión lineal. Ese proceso caótico yo lo veo, incluso, desde la Argentina de Maradona. La lógica reduccionista propia nos hace creer que los procesos deben ser de tal o cual manera y esto va a conducir a un éxito determinado pero no es así. Uno ve, por ejemplo,  la llegada de Argentina a este torneo y ha sido profundamente caótica, con un técnico que ni siquiera tiene los pergaminos para conducir a ese equipo, pero aún así, esto no puedo llevarnos a concluir de una manera tajante que este equipo no va a competir bien; son 6-7 partidos que, más bien, dan pie a que el caos tenga mayor influencia.
Luego de seguir de cerca el proceso de la selección venezolana, señalaste que esta, aparte de mantener una columna vertebral, sí ha adquirido una «identidad colectiva»

El equipo tiene una ventaja: parte de su columna vertebral ha ido teniendo ciclos competitivos dentro de la selección mayor y, por tanto, no ha tenido que adaptarse a lo que significa jugar competitivamente a nivel de selecciones. Con esto me refiero a defensores como Mikel Villanueva y John Chancellor;  mediocampistas como Tomás Rincón y, por supuesto, también a delanteros como Salomón Rondón y Josef Martinez, quienes, además de su actualidad individual en sus clubes, insisto, ya conocen lo que es la continuidad competitiva en una selección. 

Esto no es poca cosa: la historia venezolana ha encontrado éxito a nivel de selecciones mayores cuando se ha mantenido una base. Eso lo intentó Noel Sanvicente pero no le pudo dotar de una identidad al equipo. Esta selección tiene una identidad porque sabe cuales son sus limitaciones y, a partir de ahí, quiere crecer. Yo no estoy de acuerdo con ese examen; es decir, yo preferiría saber cuáles son mis virtudes y a partir de ahí hacerme fuerte. Pero, de nuevo, estas no son verdades absolutas y a Dudamel pareciera que le está dando frutos en esta selección, en el proceso anterior de mayores no le dio éxitos.

¿Perú ha transitado por un camino similar?
A mi me parece que el ‘Tigre’ Gareca ha sabido identificar algunas virtudes, algunas deficiencias —situaciones que no son del todo positivas— y, a partir de ahí, ha tratado de hacer crecer a su equipo. Yo creo que, inclusive, futbolísticamente, no son selecciones que se alejen mucho. Si vemos, Perú tiene futbolistas que saben explotar la conducción en velocidad en el último tercer cuarto de cancha y yo creo que Dudamel intenta hacer eso. Ahora, insisto con esto: desde mi gusto, que no es nada más que eso, yo creo que en las selecciones sudamericanas y en los equipos sudamericanos en los últimos tiempos, hemos tratado contrarrestar más al rival que potenciar virtudes propias.
Sobre Lionel Messi has reflexionado a menudo en estos últimos meses. ¿En qué medida esta indagación en torno al argentino te ha permitido dar cuenta de distintos síntomas del contexto futbolístico actual?
No creo que sea un síntoma del contexto futbolístico actual el creer que el individuo va a salvar al colectivo; más bien, lo entiendo como un tema histórico en el fútbol y no solamente latinoamericano, sino global. La gran diferencia que observo es que hoy en día hay mayor cantidad de altavoces. Obviamente me refiero a los programas que se dicen ser especializados y, por supuesto, a las redes sociales.
Y centrándonos un poco más en Messi como tal, ¿A qué otras conclusiones llegas luego de esta constante indagación?
En cuanto a la figura de Lionel Messi, a mi me sorprende que todavía se siga creyendo que este no forma parte de un colectivo, de un contexto, de una serie de relaciones que lo condicionan. Además, alrededor de su figura, hemos visto a una serie de entrenadores —capaces todos— pero sin la posibilidad de trascender. Es decir, son entrenadores que ven el fútbol como la gran mayoría y no entienden cosas tan básicas como que al futbolista se le puede tener “contento”, se le puede dar alegría, desde la promoción de nuevos retos. Y este no tiene que ser necesariamente ganar; el nuevo reto es participar de situaciones competitivas que le obliguen a encontrar nuevas formulas de sí mismo. Pasó con Sampaoli, pasó con Edgardo Bauza, pasa en el Barcelona con Ernesto Valverde, no sé si va a suceder con Scaloni, pero lo que buscan estos entrenadores es que Messi esté “contento” a partir de que se lo rodee con futbolistas que él pueda sentir como inmediatamente afines. Pero no es Lionel Messi —como no fue Maradona ni Pelé— el encargado de determinar cuáles son los futbolistas que a él le gustan.
Esa sería la labor del entrenador…
Sí, para eso están los entrenadores, es decir, quienes conducen los grupos: para determinar con qué jugadores puede encontrarse una mejor versión del colectivo y que esa mejor versión también potencie la mejor versión de los distintos futbolistas. No podemos olvidar que esto no se trata de una dicotomía entre colectivo e individuo; esto se trata de la comunión entre el grupo y los individuos. Por eso, para mi es muy importante un debate que no se da —ojalá se diese— que parte de la  siguiente pregunta: ¿qué elegimos, a los mejores jugadores o a los jugadores que hacen mejor a la idea de juego? Y esto, lamentablemente, no se da.
Un aspecto central en tu visión del fútbol consiste en pensar más allá de los “números telefónicos”, de los esquemas posicionales ¿Qué consecuencias trae consigo la visión estática del juego?
Esta visión estática del juego trae como primera consecuencia la mala educación futbolística del público. Yo no responsabilizo exclusivamente a los medios, porque también, quienes trabajamos en los medios, hemos ido muchas veces a escuchar o a preguntarle a entrenadores y ellos responden con lo mismo. Por ejemplo: “nos pusieron dos líneas de cuatro y nos costó mucho”. Falso. En algún momento dado del partido fueron dos líneas de cuatro, en otro hasta dos de cinco, porque el fútbol es movimiento y el esquema posicional es una referencia en determinado momento, sobre todo,  antes que inicie un partido. Esto es lo que Ricardo La Volpe definía como “la foto desde el helicóptero”.

Entonces, ¿A qué elementos atender para poder acercarnos a captar la complejidad que nos presenta el fútbol-juego?
Primero, debemos de entender que este es un juego en el cual participan seres humanos que hacen de futbolistas durante el partido. Luego de aceptar esta verdad, tenemos que empezar a comprender las relaciones, es decir, cómo se relacionan y se comunican los integrantes de ese sistema que llamamos equipo de fútbol; cómo se relacionan entre ellos, cómo se relacionan con el rival, pero, por encima de todo, cómo se relacionan con la pelota. Esto último va a determinar, también, cómo será la generación o la ocupación de los espacios, porque no se trata exclusivamente de tenerla un 80% o un 90%... Y es que aquí hay otro tema, a partir de que yo me relaciono con la pelota, también tengo que relacionarme cuando no dispongo de ella. Entonces, al fútbol tenemos que empezar a entenderlo desde el movimiento y la relación con la pelota; a partir de ahí, entenderemos la comunicación y la relaciones que establezcan  cada uno de sus integrantes.
¿Podrías dar un ejemplo para ilustrar lo que mencionas?
A ver, la Venezuela más exitosa -fue la más exitosa, esto no es cuestión de gustos- en Copa América fue la del 2011 con César Farías. Esa selección tenía una relación con la pelota que básicamente era de la siguiente manera: cuando disponía de ella, trataba de ejecutar inmediatamente contragolpes muy rápidos. Además, tenía otra relación: a partir de estos contragolpes rápidos, buscaba que el rival le cometiera una infracción y, así, sacar rédito por la presencia de un buen cobrador como Juan Arango y después —obviamente— de jugadas en las cuales se promovía el engaño y el fútbol, como todos sabemos, es engaño.
En relación con las preguntas anteriores, en tu último artículo en The Tactical Room, de hecho te has mostrado bastante crítico con la utilización indiscriminada de los porcentajes, los cuales se nos presentan como determinantes y con un valor en sí mismo para analizar y/o explicar rendimientos futbolísticos.
La mejor manera de entender esto que voy a decir es ver un partido de niños de cinco, seis años: la pelota es el centro energético del juego. Cuando un entrenador menciona que “quiere tener la pelota” o cuando otro replica que "no la siente tan necesaria", cometen un grave error, porque no están profundizando en el concepto. La pelota es la que va a determinar nuestra relación con el juego e insisto, no es necesario tenerla todo el tiempo. Primero, porque es imposible tenerla todo el tiempo; segundo, estaríamos hablando de una fase del juego, cuando debemos tener en consideración que el rival también juega, también tiene una intención, también nos va a disputar la titularidad de la pelota... Entonces, los porcentajes o estos discursos —como los que que señale anteriormente—lo que han hecho es simplificar algo que es tremendamente complejo. El porcentaje te dice que tuviste la pelota, pero te lleva a esa simplificación y te deja ahí, es decir, te lleva al mar pero no te da las posibilidades de divertirte en el mar. 
Aunque parezca algo "asumido" o poco importante, resulta necesario recalcar la «centralidad» del balón.
La posesión de la pelota es una herramienta en el juego de posición; sin duda alguna, es la herramienta más importante en el juego posicional. ¿Por qué? Porque si yo la tengo, el rival no la tiene. Esta es la sencillez de las explicaciones de Cruyff. Alrededor de una serie de conceptos que hacen vida en el fútbol, nos hemos olvidado del primero, que es la pelota; hablamos de los espacios, de cómo conquistamos los espacios pero no decimos que estos los creamos a partir de nuestra relación con el balón. Probablemente sea una cruzada sin ningún tipo de posibilidades de éxito, pero si nosotros no entendemos que es a partir de la pelota que nos organizamos y nos reorganizamos —el fútbol es una constante reorganización— estamos hablando de cualquier otra cosa menos de fútbol.
Por último, y de nuevo en el marco de Latinoamérica, quisiera preguntarte por un autor con el que siempre entras en diálogo, tanto en tus artículos como podcasts: Dante Panzeri ¿En qué radicaría su aporte?
Yo creo que con tipos como Panzeri uno puede entrar en diálogo y el diálogo es discutir ideas, es decir, no tienes porque ser un fan enamorado de nadie; más bien, pienso que Panzeri dejó como gran legado ideas, no columnas, no apariciones mediáticas, sino ideas, sus ideas. Ideas que discutía con futbolistas, con entrenadores y consigo mismo; en suma, ideas con las cuales se puede estar de acuerdo o no. Pienso que que hay un momento en mi carrera , mejor llamémoslo existencia —no siento que tengo esa capacidad para hablar de "carrera"— en el cual Panzeri me demuestra claramente que se puede hablar de fútbol desde fuera del campo y no entrar en este show que se ha convertido todo aquello que rodea el juego. 
¿Dejó un legado Panzeri?
Para mí, Panzeri es la persona que más hizo por el periodismo deportivo latinoamericano. No solamente por el análisis del juego —su análisis— sino también por su denuncia tanto de los abusos de los poderosos como de la invasión del «hombre mediocre» o de «las masas»—y aquí cito tanto a José Ingenieros como a José Ortega y Gasset para utilizar sus términos—, de todo ese conglomerado que conquista los espacios de reflexión sobre el fútbol. A nivel latinoamericano, Panzeri es lo más extraordinario para aquel que le guste el deporte o el fútbol. Después, a mi me da la sensación de que, primordialmente, su legado fue seguido por periodistas como Ezequiel Fernandez Moores, Gonzalo Bonadeo y, por qué no, Juan Pablo Varsky, quien también ha hecho una labor maravillosa.

Escrito por

Gianni Paolo

Lima, 1998.


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