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Recordando a Peucelle

“En fútbol no existe ordenación posible que gane los partidos sin depender de la capacidad individual de los jugadores. El plan es el jugador y las circunstancias”.

CARLOS PEUCELLE

Publicado: 2020-04-04


El fútbol, en esta pausa obligada, debe repensarse a sí mismo. A pesar de lo incierto y hasta preocupante que pueda ser el futuro, no se puede eludir la posibilidad de poner en cuestión las verdades establecidas que lo han dominado desde hace mucho tiempo. Las mismas que, en cierto sentido, lo condujeron a este momento marcado por la confusión generalizada. Justamente ahora, más que nunca, acudir al pasado en búsqueda de referencias e ideas no es una pretensión frívola ni mucho menos, sino una necesidad imperiosa.

Y qué mejor manera de dar un primero paso que recordando, a propósito de la conmemoración de un año más de su fallecimiento, al gran Carlos Peucelle. Futbolista brillante y magnífico entrenador, su prolífica trayectoria difícilmente puede resumirse en este artículo. Mundialista y campeón sudamericano, brilló en River Plate entre los años treinta y cuarenta con 113 goles anotados; asimismo, dirigió al mítico equipo de “La Máquina” en dos temporadas: 1945, año en el que campeonó, y 1946.

Pero más allá de estos apuntes biográficos, Peucelle, aunque se rehusó a ser denominado así, fue un maestro, uno especialmente prudente y lúcido. Así lo demostró en las primeras páginas de su libro Fútbol Todotiempo e Historia de “La Maquina”, cuando, al señalar los problemas que representaba escribir una obra sobre fútbol, escribió:

“Además, y esto es el problema mayor, el tema es infinito. Es infinito porque el fútbol es a cada momento una situación nueva, en razón de que el elemento humano varía constantemente. Y ese elemento humano es el único que decide lo que puede pasar dentro de una cancha. Nadie más. Los demás solamente tenemos recuerdos con los que podemos dar orientaciones. Y esas orientaciones pierden valor si no está el elemento humano que las aplique”.

¿Se nota la relación con Panzeri? No es casualidad, pues el periodista argentino no solo se encontraba muy afín al sentir de Peucelle, sino que lo consideraba como uno de sus maestros futbolísticos. Precisamente, en el capítulo escrito por él en su obra más famosa, encontramos una exquisita anécdota que nos dice mucho sobre cómo entendía el fútbol el maestro “Barullo”.

Relata que en la turbulenta final del Sudamericano de 1937 frente a Brasil, inició como suplente. Agudo observador, siguió muy atento el desarrollo del juego y, en el entretiempo, el entrenador Seoane lo envió al terreno de juego. Basado en lo que había analizado —que los interiores Tim y Luisinho estaban inclinando el partido a favor de los brasileños–, le sugirió a su compañero. de posición Lazatti enfocarse en el marcaje de Tim, mientras que el jugaría retrasado con la intención de frenar los avances de Luisinho. Esa pequeña modificación producto de su iniciativa, sumado al ingreso de Bernabé Ferreyra y Vicente de la Mata, quien anotó los dos goles, determinó el triunfo argentino. Ganaron el partido 2 – 0 en el tiempo suplementario. ¿Qué lección extrajo Peucelle? Pues que,

“El jugador era frecuentemente un analista del juego, que tomaba decisiones para cambiar radicalmente su curso. Eso no tenía trascendencia pública, y de ahí que hoy se supone que el ordenamiento táctico del futbol empezó con la incorporación de los gesticulantes directores técnicos que difunden públicamente planes que dudosamente pueden aplicar en la práctica.”

Bajo esta convicción, tanto como jugador o director técnico, siempre buscó avivar esa inteligencia latente en cada uno de sus compañeros o dirigidos. Frente al reto que le imponía cada equipo rival, a partir de un esquema elástico y variable, esperaba que ellos puedan tomar las mejoras decisiones desde su propia interpretación y criterio.

En sus propios términos, su labor como entrenador se basaba en capacitar, corregir y orientar. Gran defensor del juego colectivo y colaborativo, todos suben y todos bajan, de mucha movilidad, versatilidad e intercambio de posiciones -lo que hoy se conoce como “fútbol moderno”- creía que el acierto fundamental residía en ubicar a los jugadores donde puedan explotar sus condiciones. (Él fue quien le recomendó a Pedernera retrasar su posición para jugar detrás de los delanteros, movimiento decisivo en la formación de “La Máquina).

A pesar de forjar uno de los equipo más fuertes de la historia del fútbol, siempre mantuvo una admirable humildad. “Cuando el jugador salga a la cancha con un conocimiento cabal del juego, dominio de balón, precisión en el pase, sentido exacto en el desprendimiento de la pelota, ubicación, acoplamiento con sus compañeros estado atlético para soportar el esfuerzo de todo el partido, entonces su personalidad creadora prevalecerá frente a todos los sistemas”. ¿Acaso no son ciertas, hasta el día de hoy, estas palabras?

Alejado del afán de protagonismo característica de sus colegas, Peucelle dio una lección de cómo desenvolverse en esta profesión. Reconocido por sus dirigidos, admirado por sus compañeros, su nombre está inscrito con absoluto merecimiento en la rica tradición del fútbol sudamericano. Referentes que dejan un legado son pocos y, uno de ellos, indiscutiblemente, fue el apodado “Barullo”. Por eso mismo, el mejor homenaje que se le puede hacer al maestro no es quedarse en la rememoración, sino volver sobre sus ideas y aplicarlas en la realidad para demostrar su plena vigencia e importancia


Escrito por

Gianni Paolo

Lima, 1998.


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